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ZIFIO DE CUVIER

Ziphius cavirostris (Cuvier, 1823)

El zifio de Cuvier pertenece a la familia Ziphiidae, una de las menos conocidas, con taxonomía todavía en proceso y especies sólo descritas por varamientos o citas únicas en el mar. Sus hábitos profundos y su escasa presencia en superficie, a menudo inconspicua, hace muy difícil su estudio, si bien se están incrementando los proyectos de investigación.

El zifio de Cuvier es una de las especies más cosmopolitas del grupo. Ausente sólo en aguas polares se distribuye ampliamente por aguas profundas de todo el planeta, mayormente en aquellas que superan los 1.500 m. No se acerca a la costa a no ser que existan cañones y fosas submarinas muy cerca como en Canarias, Azores, Hawai… en el Golfo de Vizcaya tenemos la fortuna de poder verlo de forma bastante habitual en aguas adyacentes al cañón de Capbreton.

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El nombre cavirostris hace referencia a la cavidad ósea, bien desarrollada, que aparece delante de las fosas nasales, cavidad que no aparece en ninguna otra especie de la familia Ziphiidae. Esta característica, junto con la densa osificación del rostrum, sólo se da en los machos, dando lugar a dimorfismo sexual, poco habitual en cetáceos. El zifio de Cuvier adulto alcanza los 7 m y puede llegar a pesar 3.000 kg, pero hay grandes diferencias bibliográficas en este aspecto. La coloración es variable en las diferentes regiones del mundo y cambia con la edad y el sexo. Por lo general aparece con una coloración marrón, canela o beige pero lo más llamativo es la región anterior blanquecina, sobre todo en machos adultos donde la cabeza puede llegar a ser completamente blanca. Las cicatrices blancas, resultado de heridas provocadas por dientes de otros individuos, son claramente visibles por todo el cuerpo. Podemos distinguir a las hembras y machos jóvenes, con un porcentaje de marcas muchísimo menor. No tiene un pico prominente como el de otros odontocetos y sólo los machos adultos poseen 2 dientes emergentes en la punta de la mandíbula, quedando el maxilar desprovisto de dentición, aunque pueden aparecer de 15 a 40 pequeños dientes rudimentarios, por lo general sin emerger. Mientras que la aleta dorsal y las pectorales son pequeñas, la caudal es bastante grande y normalmente carece de escotadura. Se cree que esta morfología ayuda a un desplazamiento más veloz y eficiente hacia las profundidades.

En conjunto, su aspecto es inconfundible en el mar y poseen un comportamiento y natación muy característicos; con una actividad en superficie poco llamativa y limitada a pocos minutos, su observación y estudio se complica porque realiza inmersiones largas, por lo general de 20-40 minutos; aunque no son infrecuentes las inmersiones de 120 minutos, sobre todo si es molestado.

El zifio de Cuvier, como todos los zifios, se alimenta de cefalópodos (dieta teutófaga), como calamares y pulpos, por lo general de gran tamaño, que habitan en aguas profundas. Los zifios pueden bucear para alimentarse hasta más de 2.000 m. También se sabe, gracias a estudios de contenido estomacal de animales varados, que pueden alimentarse de peces de profundidad.

Las mayores amenazas para esta especie son el tráfico marítimo y la interacción con pesca artesanal. La contaminación química y acústica de las aguas también les afecta, al igual que todo factor que destruya o modifique el estado natural de su hábitat y alimento.

El zifio de Cuvier figura como especie de PROTECCIÓN ESPECIAL en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas (CNEA) y en el Anexo IV de la 92/43/CEE del Consejo, de 21 de mayo de 1992, relativa a la Conservación de los Hábitats naturales y de la fauna y flora silvestres (Directiva Hábitat). También está incluida en el Convenio relativo a la Conservación de la Vida Silvestre y del Medio Natural de Europa (Convenio de Berna) y la Convención sobre el comercio internacional de especies amenazadas de fauna y flora silvestres (CITES). En la Lista Roja de la UICN aparece como Less concern (preocupación menor).

El zifio de Cuvier es una especie que se observa de forma habitual durante prácticamente todo el año en la Costa Vasca. AMBAR tiene la suerte de haberlo visto en numerosas ocasiones y también cuenta con inigualables imágenes submarinas.