Primera salida de Hegaluze 2014

    Al fin los embravecidos mares nos dieron una tregua y las olas dejaron de ser enormes para convertirse, poco a poco en suaves ondas sobre las que el Hegaluze se desplazaba sin dificultad.

Frente a la costa los araos, descansando en superficie recuperaban fuerzas y algunos alcatraces nos saludaban volando ya hacia el Norte. Llegando al cañón aumentaba el número de ellos y su presencia  delataba a los diferentes grupos de delfines comunes que muy dispersos se alimentaban en la zona.

    Algún págalo se acercaba a inspeccionar a los viajeros. Poco a poco fuimos llegando al final del cañón, donde las profundidades aumentan hasta los 1.500 metros. Nuestros ojos no dejaban de atisbar el horizonte, con la esperanza de poder divisar un soplo, una gran espuma, algo que nos hiciera estremecer de un escalofrío cuando los observadores gritaran: ¡soplo!… Pero no fue posible; no se encontraban por allí aquel día.


    El barco giró rumbo a puerto, pero los pasajeros no cejaban en su empeño y allí, frente a Matxitxako, a escasas dos millas del cabo,los saltos y las espumas de un grupo de delfines mulares asombró a todas y todos, tanto a aquellas personas que nunca habían visto un espectáculo así como a aquellas que llevan muchos años de experiencia.



Y es que, cada día en la mar es nuevo, es distinto; es… como observar un atardecer… el de mañana los disfrutaremos también, pero será diferente…