12 de junio – Cetáceos a las 10

      El pasado jueves 12 de junio a las 10.30h zarpamos con un tiempo inmejorable en el Hegaluze Barria desde el puerto de Bermeo en una salida muy especial que ya desde el principio prometía. Días pasados se había tenido noticia de avistamientos de zifios y algunos nos preguntábamos si seríamos esta vez nosotros los afortunados.

 

Con ese fin, nos dirigimos hacia las coordenadas dónde previamente y en diversas ocasiones estos cetáceos, tan desconocidos por muchos, se han dejado ver. Por el camino, lo que al principio parecía un tronco flotante se convirtió en el primer avistamiento de la jornada: un pez luna (Mola mola).

 



A continuación, dos lomos, el primero a estribor y unos segundos más tarde otro a babor, se dejaron ver, pero tan pronto aparecieron volvieron a desaparecer bajo la superficie impidiendo su identificación, aunque por su gran tamaño podría tratarse de rorcuales.


Poco después, llegó el gran momento del día: ¡Zifios de Cuvier emergiendo! (Ziphius cavirostris) muy cerca de las coordenadas a las que nos dirigíamos. Sin embargo, antes de llegar a acercarnos se sumergieron. Dado que estos cetáceos suelen salir a respirar en intervalos de unos 20 minutos (aunque pueden estar más de dos horas sin salir a la superficie cuando se dirigen a grandes profundidades para alimentarse), y en un radio muy próximo al punto donde previamente han emergido, decidimos esperar a ver si nuestros amigos se dejaban ver de nuevo. Durante estos 20 minutos, dos aletas correspondientes a dos peces espada (Xiphias gladius)  hicieron su aparición sobre la superficie, muy cerca del Hegaluze. Entretenidos estábamos observándolos y tratando de discernir su tamaño bajo la superficie, cuando… ¡nuestros queridos zifios aparecieron de nuevo! Ya es difícil ver uno o dos, y además no suelen nadar cerca de las embarcaciones, sin embargo, esta vez no sólo contamos unos 6 individuos sino que los pudimos observar durante varios minutos muy cerca en los intervalos en los que asomaban su cuerpo sobre la superficie para respirar. En el grupo había un macho claramente identificable por las marcas de los dientes de otros machos por todo su cuerpo (¡que no es pequeño precisamente!).

 


Tras este maravilloso y no muy frecuente avistamiento, volvimos a puerto, con sonrisas de oreja a oreja en nuestras caras. Así pues, esperamos que todos, incluidos los que se marearon a pesar del mal rato que pasaron, hayáis disfrutado del inigualable placer que supone ver a los animales marinos en su hogar y en libertad concediéndonos el privilegio de poder disfrutar de su presencia cuando salimos a la mar.

 


Agradeceos el buen ambiente que hubo durante toda la jornada tanto a la tripulación, ya parte de la familia, como al pasaje.

¡Esperamos veros muy pronto a bordo del Hegaluze!