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21 de junio – Cetáceos a las 10

    “Últimamente hay gente que está viendo mucho zifio por estas aguas. Y hemos de creerlo, no queda más remedio dadas las estupendas fotos con las que nos han obsequiado los compas. A ver si hay suerte hoy”. Esto, más o menos es lo que pensaba alguno. Otros, que ya han tenido la suerte de verlos, hablaban de lo bien que nos sentaría un encuentro en la tercera fase con soplidos de cetáceo más grande; y la única chica soñaba, por motivos obvios, con miríadas de mulares enseñándonos las aletas como modelos moviendo el pelo en una sesión de fotografía. Las expectativas, como siempre entre las y los miembros de AMBAR, eran altas -y que no decaigan-, pero todos y “toda” sentíamos ya a priori la satisfacción de disfrutar una jornada más con lo que el mar nos ofreciera. Entre el pasaje también se veían ganas. Lleno el Hegaluze Barria, reinaba el buen humor y la esperanza de que, jugando con las olas y la sal, apareciera algún  mamífero marino que nos dispensara su compañía.

 

   Tras las lluvias de la noche y la amenaza de tormenta para la tarde, lo cierto es que el tiempo era excelente. Buena temperatura, claros y nubes que de vez en cuando nos aliviaban del sol y un viento escaso que no molestaba. Después de los preparativos y el embarque, comenzamos como siempre con la charla. Leire en acción con el apoyo de Xabi sujetando los papeles y estrenándose en estas lides haciendo una introducción en euskara. Pablo y Edu, por su parte, ejerciendo de anfitriones mientras dan los últimos toques a GoPros y demás trastamen. Al timón, Julen, y de asistente, Mikel.

 

    Salimos de puerto con La Gaviota a levante y el horizonte a proa. El mar está calmado, levantando ondas no muy grandes que, aún así, hacen botar al catamarán. Pasadas una millas se relaja un poco y la superficie se suaviza permitiendo una navegación más relajada. Es en el segundo turno de cofa cuando se avistan las primeras aletas a estribor. Son delfines, de eso no hay duda, pero ¿qué especie? Por el tamaño descartamos a los mulares, aunque no resulta fácil distinguir si son listados (Stenella coeruleoalba) o comunes (Delphinus delphis). Es un grupo numeroso, de unos cincuenta individuos, disperso, atareado en labores más prioritarias que curiosear la proa del barco. Aparecen aquí y allá en pequeños grupos que, por su actitud, centrada en lo suyo y poco juguetona, parecen estar alimentándose. La posición de la luz y la velocidad no nos permite determinarlo con certeza y nos inclinamos por comunes pero, vistas con posterioridad las fotos, comprobamos que se trataba de listados.

 

 

    Continuamos navegando. El mar entra de nuevo en cierto estado de agitación y Julen, en lugar de virar al norte, continúa rumbo noroeste. Pasamos el “zifio point” y nada, nuestra familia de Ziphius cavirostris no tiene a bien enseñarnos sus lomos color canela, con o sin diatomeas. Pero, un poco más adelante, aparece un nuevo grupo de delfines. Esta vez sí es fácil distinguirlos, se trata de listados. También es una manada compuesta por entre 50 y 70 individuos aunque, nuevamente, está dispersa en grupetes. Van con crías, alguna muy pequeña, y se muestran esquivos. Aún así, algunos ejemplares se acercan a la proa del Hegaluze Barria, se sumergen bajo su quilla apareciendo en ambas bandas y nos regalan algunas cabriolas.

 

 

 

El cielo, por su parte, no ha sido especialmente generoso pero alguna especie de ave sí nos ha sobrevolado. Obviando a las gaviotas, vimos algún juvenil de alcatraz (Morus bassanus), tres ejemplares de charrán común (Sterna hirundo) y dos pardelas baleares (Puffinus mauretanicus).

 

 

    Ponemos rumbo sur. Es hora de enfilar el regreso. Nos dirigimos de nuevo al lugar de los zifios, despacio, oteando sin cesar. Se han levantado borreguitos que dificultan sensiblemente el avistamiento, pero no cejamos. Todo en vano, se ve que no era su día para hacer relaciones sociales con humanos. Si están comiendo calamares por esas profundidades esperamos que les aprovechen, y que la próxima nos aparezcan sanotes y bien alimentados. El resto de la travesía es algo monótona. La bruma se ha echado sobre el piélago y la costa limitando la visibilidad. La Gaviota aparece a babor como un fantasma y aún no se ve Matxitxako. Eso sí, cuando aparece lo hace igual de bello que siempre y, como hemos tomado rumbo sudoeste, en un momento el cabo se conjuga con Aketxe y Gaztelugatxe en una postal deliciosa. Vemos con alegría que el observatorio bajo el faro va a buen ritmo y enfilamos Bermio entre la curiosidad de las y los pasajeros, que se pasan de mano en mano las barbas de rorcual y los dientes de cachalote.

 

 

 

    Entramos por la bocana y, unos minutos después, atracamos. Una nueva mañana en la mar que nos ha dejado un buen puñado de delfines y ganas de seguir navegando.
En el siguiente link encontraréis las fotos de la jornada: